AGROECOLOGIA III. LA BIODIVERSIDAD DE NUESTROS MUTUALISTAS.

 

mercado de padua

Lo sorprendente de la especie humana no es que haya establecido una relación mutualista con otras especies. El mutualismo es muy común en el mundo natural y multitud de especies lo practican. Es lógico, pues debe ser un carácter con selección positiva, ya que permite a las poblaciones mantener efectivos mayores y así librarse del peligro de la extinción. Lo sorprendente de nuestra especie es que ha establecido mutualismos con miles de especies, y no exagero nada. Les voy a dar algunos datos. La FAO, que solo contabiliza la producción de las especies mas importantes que usamos para comer o vestirnos tiene en cuenta 176 especies vegetales y 16 animales, algunas de ellas agregados de especies. Y esto es solo la punta del iceberg, ya que la FAO solo tiene en cuenta lo que pasa por el mercado, por lo que hay que añadir todas las especies que se cultivan localmente para autoconsumo o para el mercado local, que son legión. A esto hay que añadir los peces, moluscos y crustáceos de las piscifactorías, los árboles de las plantaciones forestales, las plantas ornamentales, las mascotas, los fármacos y especias, los perfumes, las abejas, los gusanos de seda, las bacterias y levaduras fermentadoras y un largo etcétera. Así que no solo son miles de especies sino que están repartidas por todo el árbol de la vida. Sorprendente. No se de ninguna otra especie que haga esto. Pero la cosa no queda aquí. Dentro de cada especie mutualista la biodiversidad es enorme, con multitud de razas bien distintas. Fíjense si no en los perros, la primera especie doméstica. Cuesta creer que un galgo, un san bernardo y un chihuahua sean de la misma especie.

¿Cómo y porqué hemos llegado a acumular tanta biodiversidad? Pues por varias razones, tanto biológicas como sociales. La primera es intrínseca a la especie. Somos omnívoros y hábiles biotecnólogos, con lo que hemos domesticado todas las especies que nos son útiles, que son unas pocas. La segunda es histórica: la agricultura ha surgido en al menos 11 sitios diferentes y en cada uno se ha domesticado lo que había a mano, especies muy distintas ya que estaban en zonas climáticas y biogeográficas diferentes. Cuando la agricultura y ganadería se expandió desde estos centros se fueron diferenciando las poblaciones mutualistas, adaptándose a nuevos ambientes y culturas, porque cada cultura tiene sus gustos y necesidades y modifica a los mutualistas a su gusto (o como le sale).

Pero curiosamente, cuando estas diferentes agriculturas se pusieron en contacto esto no supuso una pérdida de mutualistas, sino un intercambio, enriqueciéndose todos. Y es que el intercambio de especies y variedades, bien por las buenas (intercambio) o por las malas (robo) ha sido una constante en nuestra especie. El intercambio en mercados agrícolas y ganaderos o en grandes ceremonias, como en las bodas reales en la edad media, ha sido siempre una práctica común, como común también ha sido el robo de ganado en todos los pueblos ganaderos que en el mundo han sido, tanto que hasta ha sido elevado al rango de mitología (Hércules y los toros de Gerión, Jasón y los argonautas). Y es que cultivar muchas cosas diferentes tanto a nivel de especie como de subespecie es un seguro de vida. La biodiversidad nos da estabilidad, porque nos permite obtener recursos de forma regular en el ambiente cambiante en el que vivimos. Venga el año como venga siempre habrá algo que producirá, bien comida o bienes para intercambiar y no perder las redes comerciales. Amamos la biodiversidad, no hay más que ver nuestros jardines que rebosan de especies, y yo hasta me atrevería a decir que el amor por la biodiversidad es un carácter que se ha seleccionado positivamente, ya que incrementa nuestra supervivencia.

Este enorme pool de especies y variedades que llevamos asociadas no es estático, sino que está en constante evolución, como todo en la naturaleza. Hacemos variedades nuevas, abandonamos las que dejan de interesarnos, domesticamos nuevas especies, abandonamos otras… Por ejemplo, en los últimos 40 años hemos domesticado un montón de peces y moluscos que ahora cultivamos masivamente en piscifactorías, como doradas, lubinas, langostinos, rodaballos, mejillones, berberechos y un largo etc. Y también hemos domesticado multitud de plantas ornamentales que ahora lucen en nuestros jardines y macetas. Se calcula que en el área de Sheffield, en Inglaterra, país especialmente aficionado a la jardinería, hay unas 40.000 especies y variedades en los viveros para el que las quiera poner en su jardín. Y no hablo de las mascotas, que cada vez la gente tiene cosas más raras en casa, como serpientes o lagartos.

Pero estas nuevas adquisiciones no compensan la enorme pérdida de biodiversidad que se está produciendo en las especies que nos dan de comer. Una autentica extinción en masa. Se calcula que en el último siglo se ha perdido más del  75% de la diversidad genética de cultivos, a una tasa de un 2% anual, y aunque no tengo datos, con los animales domésticos ha pasado lo mismo. Perderse del todo no se ha perdido, porque mucha se conserva en bancos de semillas, pero esto es pan para hoy y hambre para mañana, porque, como los bancos de semillas naturales, si no pasan de cuando en cuando a vivir en la naturaleza acaban por desaparecer, y, además, pueden ocurrir perturbaciones que los destruyan, como un fuego, la predación etc. Cada vez que pienso que está en Alepo (Siria) el banco de semillas que recoge toda la riqueza de cultivos y variedades del creciente fértil y el mediterráneo, uno de los puntos importantes de domesticación y el que mas nos incumbe me entran sudores fríos. Esta pérdida de biodiversidad doméstica es una catástrofe que debería tenernos preocupadísimos, ya que nos va la vida en ello. Ya expliqué antes que la biodiversidad cultivada es nuestro seguro de vida contra las inclemencias del medio, y el perderla nos hace mucho más vulnerables. Si quieren saber detalles de cómo nos afecta lean el número de Ecosistemas dedicado a la biodiversidad den sistemas agrícolas (Vol. 22 (1), 2013).

¿Por qué se pierde? Pues por el avance de la agricultura del petróleo, de la que hablé en mi post anterior. Esta agricultura, que se está imponiendo en todo el mundo a pasos agigantados, se basa en muy pocas especies y variedades seleccionadas especialmente para producir a tope, y como crecen en un medio muy estandarizado se puede poner la misma especie y variedad (o variedades parecidas) en cualquier lugar. Así que allí donde llega la agricultura del petróleo y sustituye a la de sangre, que tiene a la biodiversidad como uno de sus pilares básicos de la seguridad alimentaria, arrasa con toda la biodiversidad preexistente. Y no solo se pierden mutualistas, sino también todo el conocimiento asociado a su manejo. Sin este conocimiento es difícil revivir a los viejos mutualistas que perviven en los bancos de semillas.

Así que hemos cambiado la seguridad alimentaria basada en la biodiversidad por otra basada en la movilidad. Producimos cantidades ingentes de alimentos clónicos y allí donde sale bien la cosecha la vendemos por todo el mundo. De momento la cosa funciona, porque este sistema sigue siendo biodiverso, aunque muchísimo menos que el anterior, y el petróleo para el cultivo y transporte sigue siendo abundante. Pero es un sistema frágil, que tarde o temprano acabará dándonos un disgusto, bien porque aparezcan plagas que arrasen con nuestros clónicos cultivos, o porque los precios de los combustibles los hagan insostenibles. Además es insostenible a largo plazo, porque tarde o temprano los combustibles fósiles se acabarán. Así que deberíamos empezar a pensar en sistemas más sostenibles, mas basados en la biodiversidad, como los antiguos. Ideas no faltan, como podrán ver en los dos números que Ecosistemas ha dedicado a la Agroecología, la cuestión es empezar a ponerlos en práctica antes de que el destino nos alcance.

Continuará ………

Rocío Fernández Alés

Expresidenta de la AEET

Agroecología- Ecosistemas vol 16 (1) 2007

Conservación de la Biodiversidad en los Sistemas agrarios. Ecosistemas vol 22 (1) 2013

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3 responses to “AGROECOLOGIA III. LA BIODIVERSIDAD DE NUESTROS MUTUALISTAS.

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