INVASORES

Banksy

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El los últimos treinta años los ecólogos se han interesado cada vez más por las invasiones biológicas, entendiendo por tal la expansión de las especies fuera de sus áreas geográficas. No es que los ecólogos no supieran que las especies están en constante movimiento, lo sabían de sobra como ya les conté en otro post, lo que pasa es que esta movilidad se ha incrementado de forma espectacular en las décadas pasadas.

Todas las especies están constantemente explorando áreas nuevas, y para ello usan todo tipo de artimañas, desde moverse por sus propios medios a dejarse arrastrar por el viento y las corrientes de agua o agarrarse a otro organismo para que las transporte. La zoocoria, es decir, el transporte montándose encima de un animal, es muy común y lo practican especies de todo pelaje, desde seres unicelulares hasta hongos, plantas y animales. Pues ahora resulta que nuestra especie, que siempre ha sido muy andarina, ha sufrido últimamente un frenesí de viajar y mover cosas de un lado para otro. Ya transportamos más materiales por la superficie de la tierra que los que se mueven de forma natural debido a la erosión, y, además, a grandes distancias debido a la globalización de la economía. Y claro, muchas especies se han montado en este carro y andan moviéndose por todo el planeta. Y no son pocas, mas bien yo diría que son miles. Están todas aquellas que movemos de forma involuntaria, como las que van en el agua que lastra los barcos y que estos transportan de un lado a otro de los océanos, o el mosquito tigre, vector del dengue, que se ha expandido rápidamente por Sudamérica en cuanto se han creado largas rutas comerciales al crearse el Mercosur (los huevos del mosquito contaminan la carga de los camiones). Facilitamos también la movilidad al eliminar barreras con obras faraónicas como el canal de panamá y el de Suez, o los miles de canales que conectan los ríos dentro de Europa, permitiendo que muchas especies colonicen nuevos territorios. Pero también movemos muchísimas de forma intencionada. Ya he contado en un post anterior que tenemos miles de especies domésticas, entre útiles y ornamentales, y estas especies las llevamos allá donde vamos, diseminándolas por todas partes para vivir entre amigos. Y con estas especies van otras acompañantes como malas hierbas, enfermedades y parásitos de nuestras domésticas. En resumen, estamos haciendo un revoltijo con las especies de este planeta de dimensiones épicas.

La mayor parte de las especies que andamos moviendo de acá para allá se quedan junto a nosotros, en nuestros jardines, ciudades y agroecosistemas, porque no son capaces de vivir sin nuestros cuidados: son las especies exóticas. Algunas se escapan (como un 10%) y pueden vivir por su cuenta, pero la mayoría con poblaciones muy pequeñas y poco viables que se mantienen cerca del hombre por la entrada constante de nuevos individuos. Pero hay un grupito (como un 10% de las anteriores) que es capaz de mantener poblaciones estables e incluso expandirse por el nuevo territorio: son las especies invasoras. En realidad son poquísimas de las que transportamos, pero como cada vez movemos mas especies de un lado para otro las invasoras están proliferando por todo el mundo.

Aparte de moverlas les damos muchas facilidades para que se instalen. No es fácil colonizar un territorio nuevo, porque está lleno de de especies que te hacen la competencia, te comen o te ponen enfermo. Por eso se establecen sobre todo en terrenos perturbados como urbanizaciones, descampados, cunetas, campos de cultivo, linderos etc, que por cierto han incrementado una barbaridad en los últimos años, sobre todo con la burbuja inmobiliaria. No tienen más que visitar esta página Web para hacerse una idea de la magnitud del asunto. Aquí permanecen agazapadas hasta que una perturbación como un incendio, o una riada les hace sitio en la naturaleza y se expanden por el territorio.

Las invasoras se refugian en zonas perturbadas no solo porque están casi vacías y nadie las molesta, sino también porque  suelen tener características que las hace especialmente exitosas en estos sitios, como crecer deprisa, comer de todo, etc. Son lo que los ecólogos denominamos especies de las primeras etapas de la sucesión, es decir, las que primero llegan a un sitio vacío, y que suelen desaparecer cuando llegan las demás a medida que el ecosistema se va reconstruyendo. Sería de esperar que, si dejamos de enredar y nos calmamos un poco el proceso de sucesión restaure las zonas perturbadas y muchas invasoras acaben por desaparecer, pero no desaparecerán todas, primero porque siempre habrá sitios perturbados y luego porque no todas las especies que movemos y que invaden tienen estas características, las cosas no son tan simples. Mentalícense, han llegado para quedarse y serán el testimonio futuro de esta época de frenesí que nos ha tocado vivir.

¿Qué pasa cuando un organismo nuevo invade un ecosistema? Pues si quiere sobrevivir en él tiene que integrarse en la red de relaciones existente, y al integrarse la modificará. Afectará a la abundancia de sus presas y competidores de éstas, a los predadores que se lo coman y sus competidores, al medio con su sombra en caso de plantas o madrigueras en caso de animales…A algunos de los presentes les vendrá mal, y pueden llegar a extinguirse, y a otros les vendrá bien y crecerán, por lo que el ecosistema se modificará en mayor o menor grado. El nuevo número de ECOSISTEMAS viene dedicado precisamente a eso, a mostrar como afecta la invasión a los ecosistemas receptores. Podrán comprobar que las modificaciones son de lo más variadas y complejas. Además, la presencia de invasoras puede cambiar la capacidad de que otras especies invadan. Un bonito ejemplo lo tenemos en este post anterior  donde se ve que la mariposa monarca ha podido invadir el S de España porque antes ya había llegado su planta nutricia.

Este proceso de invasión y reajuste en los ecosistemas lo tienen los ecólogos muy estudiado, es el denominado proceso de sucesión, que fue de lo primero que se empezó a investigar allá por los comienzos del siglo pasado. Naturalmente ya sabemos bastante, entre otras cosas que a veces llegan especies que arrasan con todo. Tienen unas características que han evolucionado en un ambiente diferente y que les confiere muchas ventajas en el ambiente nuevo, y claro, entran cuan elefante en cacharrería, trastocándolo todo. Estas son las especies invasoras que también causan daños económicos y las que mas alarma están creando. Afortunadamente son solo una mínima fracción de las especies exóticas (el 1 por mil de las que llegan). Todo el estudio de las invasiones biológicas no solo nos enseñará a saber como paliar estos efectos desastrosos, sino que nos permitirá conocer mejor el proceso de sucesión. Como ya decía el Prof. Margalef, hay que aprovechar estas transformaciones a gran escala que hace el hombre para comprender mejor la naturaleza.

¿Qué hacemos con las invasoras? Pues no todo el mundo está de acuerdo, hay opiniones encontradas, y curiosamente, muy parecidas a las que se tienen con respecto a los inmigrantes. Los más radicales abogan por eliminar todas las exóticas del territorio, jardines incluidos, sean o no invasoras, en aras a conservar los paisajes prístinos, como han sido toda la vida. Es una corriente que nace a comienzos del siglo pasado muy ligada a los nacionalismos y que tuvo su punto culminante con el nazismo, que no solo defendió la pureza de la raza eliminando a todos aquellos considerados inadecuados sino también la pureza de los paisajes alemanes, eliminando las especies exóticas no solo del campo (invasoras) sino también de los jardines. Los más realistas consideran que debemos centrarnos únicamente en las especies que dan problemas, una parte muy minoritaria de las exóticas, y no desperdiciar recursos en eliminar especies que después de todo no tienen mas incidencia en los ecosistemas que la invasión de otras especies que ya estaban en el territorio y que algún día tuvieron que llegar, porque las áreas de todas las especies se mueven constantemente y por tanto los ecosistemas están en constante cambio. Lo más sensato sería tomarnos mas es serio que eso de transportar especies a lo loco de un lado para otro sin ningún control puede traernos problemas en el futuro y ser más cuidadosos con esto, que tampoco es tan difícil.

Rocío Fernández Alés

Expresidenta de la AEET

  Ecosistemas 25 (1). (2015) Las invasiones biológicas y su impacto en los ecosistemas.

Vilá, M.; Valladares, F.; Traveset, A.; Santamaría, L. & Castro. P. (coord.) (2008). Invasiones biológicas. CSIC. 216 pp.

Groning, G & Wolschke-Bulmahn, J. (2003) The Native Plant Enthusiasm: Ecological panacea or xenophobia? Landscape Research 28 (1): 75-88

Thomson, K. (2016) ¿De donde son los camellos? Creencias y verdades sobre las especies invasoras. Alianza Editorial. 357 pp.

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