CALDENES (Prosopis caldenia): CRONISTAS DE LA PAMPA SECA

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Ahí están, tan calladitos, plantados en mitad del campo, extendiendo sus ramas al viento y al sol para pescarlos con sus anzuelos de clorofila. No se mueven, son muy viejos, han visto mucho y guardan muchos secretos. No me refiero a los que la gente les cuenta para desahogarse, como nos narran tantos cuentos populares, sino ese diario secreto que esconden en su anatomía y que nosotros hemos aprendido a leer observando con atención los anillos de crecimiento del tronco. Lo que cuentan es fascinante, tanto como para cambiar nuestra visión de la historia.

Y eso es lo que nos cuentan tres investigadores argentinos, Esteban Dussart, Andrea Medina y Stella Bogino, que han recopilado los estudios dendroecológicos realizados en el caldén (Prosopis caldenia) desde los años treinta del pasado siglo hasta la actualidad y que pueden leer aqui. El caldén es un árbol de la familia de las leguminosas endémico en Argentina. A las especies del género Prosopis, al que pertenece nuestro árbol, se las conoce también por el nombre común de algarrobos, ya que producen un fruto parecido al del algarrobo mediterráneo (Ceratonia siliqua), que también es una leguminosa. Tanto en América como en España las algarrobas se han usado como alimento del ganado y de las personas cuando las cosas vienen mal dadas.

Los caldenes son típicos de la pampa seca, una llanura relativamente árida, ya que llueven menos de 600 mm al año, que es lo que cae en la mayor parte de España, para que se hagan una idea. Pampa significa llanura sin árboles, y así es como llamaron los españoles a la pampa húmeda, una región colindante mas al Oeste donde llueve mucho mas (600 – 1000 mm), es mucho mas fértil y, efectivamente, no tiene árboles, es un inmenso herbazal muy productivo. Pero en la pampa seca si los hay, están dispersos o formando bosquetes entre la hierba. Aquí los caldenes ocupan actualmente unos 25.000 km2, la región fitogeográfica del espinal, que se llama así porque el caldén es un árbol con espinas. La zona no ha estado exenta de influencia humana, todo lo contrario, se ha pastado, quemado y cultivado con distinta intensidad a lo largo de la historia reciente. ¿Qué nos cuentan los caldenes de esta historia?

Hasta finales del siglo pasado se aceptaba que, antes de la conquista de la zona por el ejército argentino en 1879 y posterior colonización masiva por europeos, el caldenal prístino era una sabana. Se creía que los habitantes de entonces (ranquelinos) eran básicamente cazadores recolectores y no tenían apenas influencia sobre la vegetación. Tras la colonización la vegetación comenzó a degradarse, especialmente después de las dos “grandes hachadas” o desmontes masivos que coincidieron con las dos guerras mundiales. Los caldenes tienen muchos matices que aportar a esta historia.

De sabana nada – dice un caldén bastante viejo – En los tiempos de los ranquelinos esto era un bosque. No hay mas que ver lo poco que crecimos de chavales, mas o menos lo mismo que crecen ahora los jovencitos de los bosques secundarios. Se han encontrado documentos de viajeros del siglo XVIII y XIX que describen esto como un bosque cerrado. Además, aunque los ranquelinos no criasen ganado allí había vacas mostrencas que llegaron solitas tras ser introducidas por los españoles en el siglo XVI. Los ranquelinos las cazaban. Los viejos de entonces decían que desde que llegaron aquellos extraños animales las cosas ya no eran iguales, pero entonces yo era un joven atolondrado y no echaba mucha cuenta a las historias que contaban. Habrá que rescatar sus cadáveres de los jagüeles (cercos de madera alrededor de las fuentes) para ver si todavía pueden contar como era la vida en aquellos tiempos.

Cuando acabó la guerra aquello fue una masacre – prosigue otro anciano – Entraron a saco matando a diestro y siniestro abriendo el monte para cultivar y criar ovejas. Seis millones introdujeron entre 1879 y 1895. Se llevaron por delante a millones de nosotros entre 1890 y 1935 para hacer las traviesas del ferrocarril y alimentar las maquinas de vapor. ¡El progreso! Solo sobrevivimos unos pocos, ya que nos necesitaban como sombra y alimento del ganado. Así se formó la sabana. La zona también se cultivó, pues se repobló con chacareros europeos. Tengo entendido que en la península ibérica pasó algo parecido con muchos encinares por aquellas fechas, los aclararon para meter ovejas y cultivar. Hicieron unas sabanas que allí llaman dehesas.

Los supervivientes engordamos muchísimo – interviene un ejemplar de gran porte – al quitarnos la competencia de nuestros congéneres. ¡ hasta 10 mm año! Una barbaridad, cinco veces más que antes. Traen especies foráneas para producir madera porque dicen que son más productivas que nosotros y luego resulta que nosotros somos capaces de producir lo mismo con muchísimos menos cuidados. Y de una madera mejor. Una buena selvicultura es lo que hace falta, y no tanto papanatismo.

A comienzos de los años 30 del siglo pasado el modelo agrícola de producción de ovino y cultivo en las sabanas de caldén se vino abajo debido a la crisis del 29, que afectó mucho al país por su fuerte orientación agroexportadora. Esto, unido a una prolongada sequía produjo un gran éxodo rural. Entonces la región cambió de uso, introduciendo el ganado vacuno que estaba siendo expulsado de la pampa húmeda al incrementarse en ésta el cultivo. Como el ganado vacuno con su pisoteo ralea la hierba y dispersa muy bien las semillas del caldén, lo que pasó fue que volvieron a aparecer formaciones boscosas progresivamente cerradas en toda el área originalmente poblada por estos bosques. Y claro, esto es un problema para los ganaderos, porque los matorrales de caldén dificultan mucho el manejo del ganado. ¿Solución? Quemar el caldenal. Pero el caldén rebrota a partir de yemas en la base del tallo, dando lugar a matorrales espesos, con lo que la solución es solo temporal. Así que existe un debate entre los que defienden el fuego como factor natural en las áreas de pastoreo y los que opinan que el fuego no es un factor natural en el caldenal, por lo que no debe quemarse, a pesar de que estos árboles presentan claras adaptaciones al fuego, como tener una corteza relativamente ignífuga y rebrotar tras éste. ¿Qué opinan los caldenes de esto?

Es cierto que aguantamos bien el fuego, pero eso no significa que lo hayamos sufrido frecuentemente – dice un ejemplar de buen porte – Los incendios solo han sido frecuentes en tres periodos concretos y siempre por culpa del hombre. Primero en los tiempos de los ranquelinos y por conflictos con el ejercito; la vieja estrategia de la tierra quemada. Tras la conquista volvieron, esta vez para abrir el monte y dedicarlo al cultivo y a la ganadería. Y por último, a partir de los años 90 del pasado siglo para evitar que recuperemos el espacio perdido. Así que los fuegos continuados y frecuentes son una novedad, nada de algo natural en la historia.

Y así estamos ahora, encanijados – dice un pequeño matorral erizado de ramas – No podemos crecer, se nos va toda la fuerza en recuperarnos y somos incapaces de general un tronco en condiciones para elevarnos en altura. Y así, en forma de matitas molestamos mucho y nos vuelven a quemar. Esto es insoportable para nosotros y para los hombres.

Si es lo que yo digo, una buena silvicultura es lo que hace falta – interviene el ejemplar de gran porte – Si dejasen de quemar y nos dejasen crecer a bajas densidades no molestaríamos y se acabaría el problema. Además, incluso nos podrían explotar para madera.

Pero eso es plantearse los problemas a largo plazo – explica un ejemplar solitario y majestuoso – cosa que los hombres no están dispuestos a hacer, y menos ahora, que andan bastante acelerados. No ven las cosas como nosotros, que como vivimos muchísimos mas años vemos las cosas de otra manera.

Pues mas les valdría – replica el bajito erizado de ramas – porque así no vamos a ningún lado. Esto es una batalla perdida y un sufrimiento que no lleva a ninguna parte.

Pues estas son las cosas que nos cuentan los caldenes. Si les escuchásemos un poco igual nos llevaríamos mejor con ellos, lo que redundaría en beneficio mutuo.

Rocío Fernández Alés
Expresidenta de la AEET

Dussart, E., Medina, A., Bogino, S. 2015. Dendroecología en la pampa Argentina: investigaciones actuales, pasadas y futuros desafíos. Ecosistemas 24(2): 51-59.

 

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3 responses to “CALDENES (Prosopis caldenia): CRONISTAS DE LA PAMPA SECA

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