¿DEBEMOS ENTERRAR EL CONCEPTO DE ECOSISTEMA? (con honores militares, ¡por supuesto!)

 

ecosistema acuatico

Con este título tan provocativo publicó un artículo el conocido ecólogo de ecosistemas Robert O’Neill en el año 2001 (Ecology 82: 3275-3284). Sorprendente. No lo es tanto si examinamos la historia del concepto, que tan bien han recogido Dolors Armenteras y colaboradores en este artículo del último número de ECOSISTEMAS. A lo largo de mi dilatada vida como docente de Ecología he observado que algo así como cada 30 años alguien saca el ecosistema a relucir y se forma un revuelo, que luego se vuelve a acallar hasta que alguien lo vuelve a sacar. ¿Por qué cada generación se vuelve a plantear este concepto tan central de la Ecología? Repasemos su historia a ver si averiguamos algo.

El término ecosistema lo acuño Arthur Tansley en un artículo que publicó en el Journal of Ecology (The use and abuse of vegetational concepts and terms. J. Ecol. 16: 284-307. 1935), hace ya 80 años. Lo hizo como réplica al término de comunidad biótica que había acuñado John Phillips cuatro años antes en un artículo de esta misma revista (The biotic community J.Ecol. 19: 1-24. 1931). Ambos trataban de definir la organización de los seres vivos a nivel superior al de individuos y poblaciones, algo que ya otros había hecho notar de su existencia. Primero publicó Phillips su propuesta: la comunidad biótica. A Tansley no le gustó y le respondió con el ecosistema. Así que todo empezó con una discusión.

Phillips decía que formaban parte de la comunidad bióticano solo las plantas superiores y todos los animales (hombre incluido), sino también  todos los organismos en apariencia insignificantes pero muy influyentes, las criptógamas”. Tansley opinaba que se debería incluir también el medio, ya que “aunque nuestra formación como biólogos hace que consideremos a los organismos como la parte más importante, los factores inorgánicos también son parte, al haber un intercambio constante  entre organismos, y también entre lo orgánico y lo inorgánico”. El tiempo le daría la razón, porque ocho años después Raimond Lindeman, que había estudiado las relaciones tróficas en un lago para su tesis doctoral, publicó un artículo póstumo (The trophic dynamic aspect of Ecology. Ecology 23: 399-417. 1943) en el que concluía que “el lago es una unidad, ya que todas las comunidades que hay en el dependen unas de otras para subsistir. Discriminar los organismos vivos como parte de la comunidad biótica y a los muertos como parte del ambiente es arbitrario y antinatural. Este ciclo constante entre lo orgánico y lo inorgánico está tan integrado que considerar solo la comunidad biótica es forzar un énfasis biológico sobre una organización funcional mucho mas básica”.

Para Phillips  “la comunidad biótica se comporta en realidad como un organismo, por su origen, crecimiento, desarrollo, respuesta común y reproducción. Es algo más que la suma de las partes, tiene identidad y destino propio. Crece y se desarrolla (sucesión) hasta madurar en la clímax (adulto)”. Esto es lo que menos le gustaba a Tansley, porque consideraba que las “comunidades bióticas” no se comportaban como organismos, ya que “son muy vulnerables, debido a que sus componentes son inestables y a que pueden ser invadidos por los componentes de otros sistemas. Sin embargo hay algunas que perviven cientos de años. En otras hay elementos cuyo cambio gradual llevará a su destrucción” como es el caso de las turberas.

Así que propone un concepto nuevo, el de ecosistema. Si la “comunidad biótica” parece comportarse como un organismo es porque ambos son sistemas, es decir, conjuntos de partes heterogéneas en interacción que actúan de forma coordinada como un todo. El concepto de sistema era muy novedoso (la ciencia de sistemas no se desarrollaría hasta 10 años después), pero es que Tansley era un afamado científico (fue fundador y primer presidente de la British Ecological Society) que vivía en Londres y estaba a la última, no como Phillips, que vivía en los territorios de Tanganika y estaba influido por las doctrinas holísticas del General Smuts, prestigioso primer ministro de la Unión Sudafricana. Así que a la “comunidad biótica” prefiere llamarla ecosistema porque “el concepto más importante es el de sistema, que incluye no solo a los organismos, sino también a los factores ambientales. Estos ecosistemas, que pueden ser de varios tipos y tamaños, son una categoría de los muchos sistemas físicos, que van desde el universo hasta el átomo. Todos los sistemas tienen organización, que es el resultado inevitable de las interacciones y ajuste entre sus componentes. Si no puede haber organización entre los elementos de un sistema no puede haber sistema”.

Aquí quedó la cosa hasta que 40 años despues, en 1979, la chispa volvió a saltar, esta vez vez en American Naturalist. Dos fisiólogos, Joseph Engelberg y Louis Boyarsky publicaron un artículo diciendo que los ecosistemas no eran cibernéticos (The Noncybernetic Nature of Ecosystems. Am. Nat. 114: 317-324. 1979), básicamente porque carecían de un órgano central de control como un sistema nervioso u hormonal que mantuviese al sistema cohesionado. Para entonces los sistemas estaban en pleno auge, y la cibernética era la ciencia que los estudiaba, así que decir que no eran cibernéticos era lo mismo que decir que no eran sistemas. Inmediatamente saltaron cuatro grupos de ecólogos diciendo que de eso nada, cada cual con diferentes argumentos. Bernard patten  y Eugene Odum fueron los que mas se extendieron (The cybernetic nature of ecosystems. Am Nat. 118: 886-895 1981), replicando que el carecer de un órgano central de control no significa que el sistema no sea cibernético, para serlo simplemente hay que tener bucles de realimentación que mantengan el sistema cohesionado, y en el ecosistema los hay a porrillo. Como no tiene sistema central de control, como los organismos, está menos integrado, pero eso no significa que no sea un sistema. Otra vez lo mismo que en tiempos de Phillips/Tansley, el ecosistema no es un organismo, es un sistema organizado de manera mas laxa.

Veintidós años después, en 2001, Robert O’Neill publicó su provocador artículo del que les hablé al principio ¿Porqué quiere O’Neill enterrar el ecosistema? Pues porque “no existe un sistema integrado y en equilibrio homeostático llamado ecosistema, es un mito”. Si cambiamos ecosistema por comunidad biótica esta frase la podría haber escrito Tansley perfectamente. Así que O’Neill concluye que no debemos enterrar el concepto sino reformular como está organizado, para lo que propone nueve principios, que vienen a resumirse en algo así como que al estar los ecosistemas laxamente organizados y no tener límites claros, los patrones espaciales y la heterogeneidad juegan un papel crítico en su estabilidad. La historia se repite, la dicotomía comunidad biótica/ecosistema vuelve a salir a la luz.

Lo que nos enseña toda esta historia es que la comunidad biótica se resiste a morir, a pesar de que ya van tres generaciones de ecólogos tratando de matarla, y cada vez con argumentos mejores y más precisos, que para algo la ciencia de la Ecología avanza. Pero nada, no hay manera, ahí sigue tan lozana, ahora camuflada dentro de su rival ecosistema, como nos ha mostrado O’Neill. ¿Por qué será? Yo creo que obedece a razones extracientíficas, es decir, ideológicas, culturales o simplemente a la forma que tenemos de pensar. Usamos metáforas y analogías para comprender las cosas, y el organismo es una analogía fácil para empezar a comprender como se organiza la naturaleza a nivel superior al de individuos y poblaciones. Pero en cuanto rascas un poco las semejanzas se diluyen y las diferencias son tan patentes como para tener que descartar la analogía y pensar en otras más difíciles de imaginar, como cosas que están organizadas, si, pero “muy malamente” como diríamos en Andalucía, y quizá nuestra cultura o nuestra ideología nos dificulten esa comprensión.

Supongo que algunos de mis lectores estarán pensando “hay que ver en las discusiones en las que se meten estos académicos, hablando del sexo de los ángeles en su torre de marfil en vez de hacer algo útil”. Nada más lejos de la realidad. No se perciben ni se gestionan los problemas ambientales igual si pensamos que lidiamos con una comunidad biótica o con un ecosistema. Pero esto ya se lo contaré a ustedes en otra ocasión, porque creo que por hoy ya he abusado demasiado de su paciencia.

 

Rocio Fernandez Alés

Expresidenta de la AEET

 

Armenteras, D., González, T.M., Vergara, L.K., Luque, F.J., Rodríguez, N., Bonilla, M.A. (2016). Revisión del concepto de ecosistema como “unidad de la naturaleza” 80 años después de su formulación. Ecosistemas 25(1): 83-89.

 

 

 

 

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3 responses to “¿DEBEMOS ENTERRAR EL CONCEPTO DE ECOSISTEMA? (con honores militares, ¡por supuesto!)

  1. Magníficamente explicado, Rocío. Mi enhorabuena.

    Una reflexión a caballo de lo que explicas en torno al ecologismo habitual, que no a la ecología como disciplina. Los más ‘fanáticos’ del ecosistema como una cosa existente y real y no como una metáfora para entender el funcionamiento de las comunidades son los ecologistas, que adoptan ecosistema como una realidad tan objetiva como fresno o mariposa de la col (y tampoco son tan netas las especies pero bueno…). Es decir, ponen la ideología o si se quiere la sensibilidad delante del conocimiento y no detrás, como su consecuencia (carro y bueyes, el carro delante), y claro eso no es verdadera sensibilidad, sino sensiblería. No todos los ecologistas o conservacionistas, pero si muchísimos.

  2. Interesante explicación de la historia del concepto de ecosistema. Creo que la docitomía se extiende más allá, con la posible aplicación errónea de conceptos de nivel de población o coumidad al de ecosistemas. El mejor ejemplo es la “salud del ecosistema” ¿Puede estar un ecosistema enfermo? La salud es una propiedad de un individuo, quizas de una población, pero si por ejemplo en un bosque (ecosistema) hay un monton de árboles (población) enfermos porque les ataca un insecto u otro patógeno (poblaciones), ¿está el bosque enfermo, o sólo los árboles? Al fin y al cabo, los árboles son sólo una parte del ecosistema, igual que los hongos a los que les va estupendamente cuando a los árboles les va mal. Un bosque, por supuesto, puede estar contaminado por elementos ajenos de origen antrópico, pero ¿puede estar enfermo? Un tema para reflexionar sobre la confusión entre conceptos de población, comunidad y ecosistema.

  3. Muchas gracias por exponer esta interesante cuestión. No creo que se pueda usar un término acuñado para individuos a los ecosistemas, ya que no son sistemas homomórficos en muchos aspectos. Salud se podría aplicar a la comunidad biótica, ya que se supone que es como un individuo y por tanto se podría usar con ciertas reservas. Pero al ecosistema no, porque no es como un individuo, y a la población tampoco por lo mismo.

    . Según el diccionario de la RAE salud es “Estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones.” y enfermedad “Alteración más o menos grave de la salud.” ¿Cuáles son las funciones normales del ecosistema y cuando consideramos que están alteradas? ¿y de la población? Si ya es difícil saber donde está el umbral entre salud y enfermedad en las personas, según dicen los médicos, ni le cuento en un sistema laxamente organizado, asi que el termino salud del ecosistema no parece ser de mucha utilidad.

    Cuando vemos usar el término “salud del ecosistema” lo que podemos deducir es que el que lo utiliza lo que tiene en mente es la comunidad biotica y no el ecosistema.

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