LA VIDA EN LOS BOSQUES…. FRAGMENTADOS

 

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Imaginen que van en una avioneta sobrevolando una espesa selva que abarca todo lo que alcanza su vista. De pronto empiezan a aparecer pequeños cultivos en el fondo de los valles que se van ampliando hasta cubrir una buena parte de estos. La selva va desapareciendo, ya no es una mancha continua sino trozos aislados que se van haciendo cada vez mas pequeños hasta quedar reducidos a pequeños bosquetes entre los cultivos. La selva se ha fragmentado cada vez más hasta casi desaparecer. ¿Cómo afecta esta fragmentación a sus habitantes?

Hace ya 50 años que Robert McArthur y Edward Wilson nos dieron la respuesta con su teoría de la biogeografía de islas. La desarrollaron para islas oceánicas, pero se puede aplicar a cualquier trozo de algo homogéneo separado por un medio hostil, como las islas rodeadas de mar, las lagunas rodeadas de tierra, las altas montañas rodeadas de tierras bajas como Sierra Nevada (aquí) o los bosques rodeados de cultivos como la selva que estábamos sobrevolando. El número de especies de un grupo determinado (plantas, mamíferos, aves, mariposas etc.) en cada isla depende de su tamaño y de lo aislada que esté. Cuanto mas grande mas especies tendrá, ya que cuanto mas grande mas individuos caben y por lo tanto mas especies puede haber. Cuanto mas aislada menos especies tendrá, ya que las que se extingan por cualquier accidente (que siempre ocurre) no podrán ser reemplazadas por otras porque está tan lejos que no pueden llegar. Así que según esto nuestra selva al fragmentarse perderá especies, pues reduce su tamaño y muchos trozos quedan aislados y por tanto mas empobrecidos. La fragmentación del bosque reduce su biodiversidad.

Los bosques tropicales secos están muy divididos y las manchas grandes que aun quedan en América del Sur se están rompiendo aceleradamente en los últimos años, como ya les conté aquí. De esto no se han librado las selvas tumbesinas, al Sur de Ecuador lindando con Perú. Así que cuatro investigadores ecuatorianos y un español decidieron estudiar el efecto de la fragmentación de estas selvas sobre la riqueza de especies de mamíferos. Para ello regaron selvas de diferentes tamaños con cámaras trampa, que fotografían a todo bicho que les pasa por delante.  Los resultados obtenidos nos los cuentan en el último número de la revista Ecosistemas (aquí). Lo primero que descubrieron es que, como era de esperar, la riqueza de especies se relacionaba positivamente con el tamaño de la selva, como predice la biogeografía e islas y como se ha encontrado ya en innumerables ocasiones. Pero también encontraron que en aquellas que han estado aisladas durante mas tiempo los mamíferos mas grandes (6 – 35 kg) eran mas escasos y los de tamaño medio (2 – 6 kg) mas abundantes que en las que se han separado mucho mas recientemente. Esto se puede deber a que los mamíferos grandes (venados, pumas) tienen áreas de campeo muy extensas y tasas de crecimiento poblacional bajas, por lo que son mas proclives a extinguirse en los fragmentos. Cuando desaparecen los más pequeños aumentan, al perder competidores y predadores. Donde la extinción lleva mas tiempo operando se notan más los cambios que se producen  cuando se  pierden especies.

Perder especies significa perder relaciones, y esto cambia la abundancia de las que quedan. Todo se tiene que reajustar a la nueva situación. Si el aislamiento es muy prolongado las especies de las islas empiezan a parecerse cada vez menos a las de otras islas, ya que no hay intercambio genético y las presiones de selección son diferentes al cambiar las relaciones. Es lo que ocurre en las islas oceánicas que han estado aisladas durante muchísimo tiempo: tienen unas floras y faunas rarísimas, llenas de endemismos con poblaciones pequeñas que se extinguen con mucha facilidad al entrar en contacto con nuevos invasores.

¿Cómo se pueden evitar los efectos negativos de la fragmentación? Pues según la teoría de MC Arthur y Wilson  dejando trozos grandes que no estén totalmente aislados. De esta manera las islas tendrán mas especies y podrán ser recolonizadas rápidamente si una perturbación como un incendio, un vendaval o una inundación las destruye. Se puede compatibilizar la agricultura con la conservación del bosque planificando el territorio, dejando islas relativamente grandes unidas por corredores como setos, bosques lineales, pasos etc. Pero también deberíamos empezar a pensar si es necesario seguir fragmentando las selvas para producir más alimentos. Actualmente generamos mas comida de la que podemos comer, y eso que ya comemos en exceso como se ve por la epidemia de obesidad que nos asola. Quizá deberíamos dejar tranquilas a las selvas que quedan y abandonar cultivos. Nuestra salud nos lo agradecerá y la naturaleza ni les cuento si aprovechamos los terrenos abandonados para conectar los trozos salvajes.

 Rocío Fernández Alés

Expresidenta de la AEET

 

 

Espinosa, C.I., Jara-Guerrero, A., Cisceros, R., Sotomayor, J.D., Escribano-Ávila, G. 2016. Reserva Ecológica Arenillas; ¿un refugio de diversidad biológica o una isla en extinción?. Ecosistemas 25(2): 5-12.

 Mac Arthur, RH & Wilson, EO (1967). The theory of island biogeography. Princeton University Press.

Diamond, J.M. & May, R.M. (1981). Island Biogeography and the design of natural reserves. En R.M. may (ed.) Theoretical Ecology. Principles and Applications. Blackwell. pp 228 -252.

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