HUMBOLDT. EL PADRE DE TODO ESTO

 

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La autora con Humboldt en Berlín. Observese que no le llego a la suela de los zapatos.

El mundo en que vivimos, que nos parece tan normal, es muy reciente. Los paisajes que vemos (aquí) y lo que nos preocupa (aquí) datan de la ilustración, y la percepción que tenemos de la naturaleza también.  Se acaba de traducir una magnífica biografía de Alexander von Humboldt que narra el momento efervescente en el que aparecen las ideas actuales de ecología y evolución.

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Cuando Alexander von Humboldt nació en Berlín en 1769 el mundo se veía como un gran mecanismo de relojería, la enorme y complicada maquina del universo que Dios había puesto en marcha. La ciencia, recién desgajada de la filosofía, se aprestaba a conocer sus leyes con nuevos métodos: observación objetiva, experimentación controlada y matemáticas. Se estaba diversificando en materias cada vez más especializadas para hacer análisis cada vez mas detallados de la realidad. Botánicos y zoólogos clasificaban los organismos en unidades taxonómicas con arreglo a una estricta jerarquía para conocer la naturaleza viviente, esa máquina engrasada en la que cada animal y cada planta tenían un lugar asignado por Dios. Los científicos estaban cada vez mas conectados internacionalmente, trabajaban más coordinados y estaban más financiados. Los conocimientos avanzaban a toda velocidad. Cundía el optimismo.

Pero el paradigma mecanicista en Biología se estaba resquebrajando. Los científicos estaban desechando la idea de que los seres vivos fuesen maquinas, ya que no se podían desmontar y volver a montar. En un sistema mecánico las piezas dan forma al conjunto, pero en uno orgánico es el conjunto el que da forma a las piezas. Los animales tienen formas que se adaptan a su medio, y por tanto la forma de sus piezas depende del todo. Además, los seres vivos cambian, no como la materia inerte, que permanece constante.  ¿Cuál era la fuerza que desencadenaba la actividad de los seres vivos? ¿Qué fuerzas los creaban? Estaba naciendo el vitalismo.

Alexander von Humboldt se sintió atraído por la ciencia desde chico. De niño prefería vagar por los bosques de la casa familiar recogiendo plantas, bichos y piedras a recibir lecciones de sus preceptores. De mayor devoraba los libros de ciencia, recolectaba y experimentaba sin parar en vez de dedicarse a sus estudios de comercio. Tal era su pasión por saber que inspiró el personaje de Fausto – el erudito capaz de cambiar su alma al diablo por el conocimiento infinito – a su amigo Goethe, con el que mantenía apasionadas discusiones científicas. Si los organismos no eran máquinas – especulaban – la naturaleza tampoco. Debía ser algo parecido a un organismo en el que las partes solo funcionan relacionadas entre sí. Si todo estaba relacionado lo que había que hacer era usar la comparación para buscar patrones en vez de analizar. Pero también había que medir, porque los datos eran fundamentales para comprender la naturaleza. Así que Humboldt lo que quería era viajar por el mundo midiéndolo todo, recolectándolo todo y sobre todo, mirándolo todo con el objetivo de reconocer patrones. La oportunidad le llegó a los 27 años con la muerte de su estricta y nada cariñosa madre, que le legó un dineral. Compró libros de ciencia y todo tipo de aparatos de medida con los que se dedicó primero a recorrer Europa, para luego saltar a América, donde durante cinco años atravesó sabanas y selvas, subió cordilleras y a todos los volcanes que se le pusieron a tiro, recopilando cantidades ingentes de datos de altitud, temperatura, humedad, presión atmosférica, flora, fauna, suelos, geología, antropología  etc. de miles de puntos del continente.

En América comprendió que la naturaleza no era un mecanismo de relojería. En las cadenas tróficas cada planta y cada animal no se reproducían en un número justo para mantener un equilibrio perpetuamente estable como decía Linneo. Lo que había visto en la selva era que los animales se temían y luchaban por sobrevivir. Y las plantas con sus lianas también luchaban por la luz. Lo que limitaba a los organismos eran las presiones de unos sobre otros. Así que lo que había era una cadena de causa – efecto que abarcaba a todos los organismos por lo que nada podía estudiarse aisladamente. Es mas, desde lo alto del Chimborazo descubrió que la vegetación se relacionaba con el clima, las plantas se ordenaban desde el valle hasta la cima en función de la temperatura de una forma muy parecida a como había visto en los Alpes y en el Teide. Había plantas alpinas en el Chimborazo, en los Alpes y en Laponia.  El clima determinaba la distribución de las plantas, tanto en las montañas como a nivel global. Mas tarde inventaría las isotermas para poder representar las zonas climáticas. Así que todo estaba relacionado, había una red de relaciones que lo conectaba todo, una red dinámica que hacía que la naturaleza no estuviese en equilibrio, sino en constante cambio.

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Grabado central (90 x 60 cm) del Ensayo sobre la geografía de las plantas, publicado en 1804. Se muestra una sección transversal del Chimborazo y la distribución de las plantas desde el valle hasta la línea de nieve. Se señala en el cielo la altitud de diferentes montañas de Europa y América para comparar y en las columnas de los lados datos comparados de gravedad, temperatura, composición del aire etc. de las distintas montañas ordenados por altitud. El primer libro de Ecología del mundo.

En América también desechó la idea tan arraigada en la cultura occidental desde Aristóteles de que los hombres eran dueños y señores de la naturaleza y que solo podían perfeccionarla con el cultivo de la tierra. Algunos incluso pensaban que la deforestación mejoraba el clima de forma notable, lo hacía mas sano. Cambió de opinión al ver las devastadoras consecuencias de las plantaciones comerciales en el lago Valencia. La deforestación había dejado la tierra estéril, el nivel del agua estaba disminuyendo y las laderas de las montañas estaban erosionadas. Mas tarde escribió que el hombre puede actuar sobre la naturaleza y apropiarse de sus fuerzas solo si comprende sus leyes. La humanidad tenía el poder de destruir su entorno, y las consecuencias podían ser catastróficas. Advirtió de que la humanidad estaba interfiriendo en el clima a través de la deforestación, la irrigación incontrolada y las grandes masas de vapor y gas producidos por los centros industriales.

Cuando volvió se instaló en París, la meca de las ciencias de entonces, y se dedicó a discutir sus datos, a dar conferencias y a publicar, tanto tratados científicos como de divulgación.  Tuvo un éxito arrollador y todo el mundo se lo disputaba. Pero el quería volver al campo, subir al Himalaya, tener mas datos con los que cimentar sus teorías.  No pudo ser, pero consiguió viajar a Rusia, llegar hasta la cordillera de Altair y a la frontera con China y obtener los datos que quería. Entonces se encerró en Berlín a escribir su magna obra, Cosmos, donde recopilarlo todo. Tenía 65 años. Publicó cuatro volúmenes, el primero dedicado a la naturaleza: fenómenos celestiales, geología, meteorología oceanografía y vida orgánica, el segundo a la historia de la humanidad, desde la prehistoria hasta los tiempos modernos, y el tercero y cuarto a completar el primer volumen con los nuevos conocimientos que iban apareciendo. Fue un éxito rotundo. Cuando murió a los 89 años la consternación fue generalizada: había desaparecido el científico más famoso del mundo.

Cambió la forma de ver la naturaleza a los que le siguieron. Todos los padres de la Ecología, esa ciencia de síntesis, reconocieron haber bebido de sus fuentes. Charles Darwin dijo que no se habría embarcado en el Beagle ni concebido el origen de las especies sin Humboldt.  Ernest Haeckel, definió la ciencia que estudiaba esa red de relaciones complejas que había descubierto leyéndolo como la Ecología. Justus von Liebig reconocía que el haberle conocido en París había sentado las bases de su futura carrera. Henry David Thoreau, John Perkins Marsh y John Muyr, los primeros conservacionistas americanos y precursores del ecologismo hallaron en sus libros la justificación intelectual de la conservación de la naturaleza. Aun hoy los ecólogos siguen discutiendo como es exactamente esa red de relaciones que el nos puso de manifiesto, como ya les conté aquí.

El centenario del nacimiento de Humboldt se celebró por todo lo alto. Hubo fiestas en todo el mundo. En Melbourne, Londres, Hamburgo, Moscú, Buenos Aires, Nueva York, El Cairo y muchas otras ciudades las multitudes se reunieron para escuchar discursos, ver desfiles o fuegos artificiales en su honor. No ocurrió lo mismo en su segundo centenario, que pasó sin pena ni gloria. El sentimiento antialemán generado por las dos guerras mundiales hizo impopular el ensalzar a una gran mente alemana y ha desaparecido del imaginario popular. Pero pervive, aunque de forma anónima en la forma que tenemos actualmente de pensar en la naturaleza. El padre de todo esto.

 

Hay dos modos de conciencia:/una es luz, y otra, paciencia./Una estriba en alumbrar/un poquito el hondo mar;/ otra, en hacer penitencia ( con caña o red, y esperar/el pez, como pescador./Dime tú: ¿Cuál es mejor?/¿Conciencia de visionario/que mira en el hondo acuario/peces vivos,/fugitivos,/que no se pueden pescar,/o esa maldita faena/de ir arrojando a la arena,/muertos,/ los peces del mar?

Antonio machado

Rocío Fernández Alés

Expresidente de la AEET

Wolf, A. (2016). La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt. Taurus. 584 pp.

Humboldt, A. (2011) Cosmos. Ensayo de una descripción física del mundo. CSIC Los libros de la catarata. 968 pp.

Humboldt, A. (2006) Personal narrative of a journey to the equinoctial regions of the new world. Penguin (ebook)

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5 responses to “HUMBOLDT. EL PADRE DE TODO ESTO

  1. El libro biografía de Humboldt es magnífico, en efecto. Pero ni Descartes ni Linneo eran tan cartesianos o mecanicistas como pueda parecer. Para ensalzar a unos no hay que denigrar (falsamente) a otros. Yo creo que Humbolt era más un geografo que un ecólogo, le interesaban más las formas que los procesos, pero vamos, fue un genio

  2. No creo que sea denigrante decir que alguien es mecanicista cuando en sus tiempos era una hipótesis plausible ya que no había evidencias en contra. A mi de chiquitita tambien me enseñaron que Humboldt era un geografo, pero después de leer esto me parece que fue bastante mas que eso.

  3. Ser un geógrafo es bastante más, salvo en España.

    Y Descartes no era mecanicista, ni siquiera en su tiempo, salvo en los malos resúmenes del bachillerato

  4. Humboldt vivió a caballo entre la ilustración y el romanticismo, sobre el que tuvo muchísima influencia. Como ilustrado fue un geógrafo: describió y midió todo lo que se le puso a tiro. Pero como romántico no: el iba buscando algo, tenía una hipótesis en la cabeza cuando viajó a América: buscar la red de relaciones que une el mundo vivo y el inanimado, y eso es Ecología. Lo que pasa es que el le llamó geografía física o teoría de la tierra. Una generación después Haeckel, muy influido por Humboldt, le llamó a esto Ecología y es el término que ha quedado.

  5. Estamos de acuerdo. Hace 40 años ya me señalaban en clase que los Cuadros de la Naturaleza de Humboldt eran una especie de anticipación de nociones como las comunidades/ecosisitemas o los paisajes. Eso no me lo ha descubierto ahora este excelente libro (de hecho tengo el libro “Cuadros de la Naturaleza” editado hace 50 años)

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