LA RENTABILIDAD DEL BOSQUE

 

king canyon

King Canyon, California. Fotografía Rocío Fernández Alés

En el mundo en que nos ha tocado vivir el dinero es cada vez más la medida de todas las cosas. Lo que no cuesta dinero no cuenta, por mucho que valga, y esto nos está creando muchísimos problemas. Un buen ejemplo es el de los bosques. Proporcionan recursos que se pueden cambiar por dinero, como madera, combustible, caza o setas, y otros que no como proteger el suelo de la erosión, regularizar el ciclo hidrológico, mantener una rica vida silvestre o secuestrar Carbono de la atmósfera. Pero el que no valgan dinero no significa que no deban tenerse en cuenta, pues no hacerlo al final resulta carísimo. Por ejemplo, las inundaciones y aterramientos de cauces crean problemas muy onerosos, tanto en dinero como en desgracias humanas. A estos beneficios que nos aporta la naturaleza sin valor crematístico es a lo que se le denomina servicios ecosistémicos.

Nuestros primos los economistas, que tanta destreza tienen en valorar las cosas en dinero, están investigando el valor monetario de estos servicios a ver si de esta forma se les empieza a tener en cuenta en todo lo que valen. Un ejemplo lo tenemos en el trabajo que publicaron el año pasado Alberto García Prats y colaboradores, del Instituto Universitario de Investigación de Ingeniería del Agua y medio Ambiente (IIAMA) en Valencia. En el se plantean el análisis coste – beneficio de distintas formas de manejo de un bosque teniendo en cuenta no solo el valor de la madera obtenida sino también el valor del agua que sale de la cuenca.

No es totalmente cierto que el bosque solo importe por el dinero que da. También se ha valorado como protector de la erosión, así que muchos árboles se han plantado en las montañas para evitar inundaciones y aterramientos. Pero hasta hace poco estas plantaciones, además de servir como protectores, se explotaban y cuidaban (limpiar, podar, entresacar), pues estos cuidados eran más baratos que los beneficios monetarios que se obtenían por la madera. Como últimamente la madera ha bajado mucho de precio, muchos de estos bosques se han dejado de explotar y cuidar, con lo que la vegetación ha crecido y densificado, aumentando los incendios. No solo eso, en las condiciones mediterráneas en las que vivimos, con tanto calor y tan poca lluvia, la transpiración de la vegetación es muy alta, así que cuanta más haya mas evaporación y menos agua sale por los ríos. Pocos árboles es un peligro por los problemas de erosión e inundaciones, pero demasiados nos quita agua que puede ser aprovechada por la poblaciones humanas para beber o regar los cultivos.

Nuestros autores se centran en un caso particular, un pinar de pino carrasco (Pinus halepensis), en la provincia de Valencia, un sitio bastante seco (llueven menos de 500 l/m2) y con una evaporación potencial bastante alta (750 l/m2). Es una situación común en el mediterráneo, donde hay más de 3 millones de hectáreas de estos pinares en sitios tan secos como el que nos ocupa. El pinar no es natural, fue plantado hace tiempo. El estudio lo abordan a partir de un modelo en el que tienen en cuenta (1) el crecimiento de la vegetación; (2) la cantidad de agua que percola en el suelo y acaba en ríos y acuíferos en función de cuanta vegetación haya; (3) el precio de cuidar y explotar el monte, (4) el precio de la madera y del agua. Como el sitio está muy bien estudiado conocen bien las relaciones y los valores de los parámetros, por lo que los resultados deben ser realistas. Con el modelo simulan distintos escenarios de manejo del bosque y analizan cuanto dinero se obtiene tanto por la madera como por el agua.

El modelo muestra que al disminuir la biomasa con la saca de madera aumenta de forma notable la cantidad de agua que va a ríos y acuíferos. Simulando diferentes tiempos de saca en un horizonte de 100 años, que es lo que viene a durar una plantación de estas características, obtienen diferentes tasas de beneficio, pero lo importante es que en cualquier caso si se incluyen los beneficios monetarios del agua, la saca de troncos compensa los costes de la operación porque se obtienen beneficios aun con precios bajos de la madera. Si los autores hubiesen incluido otros factores como la relación entre la densidad de la vegetación y los incendios forestales o el atractivo de la zona como recreo, y los costes de apagar incendios además de los beneficios del turismo igual el manejo saldría aun mas a cuenta. O no, habría que investigarlo.

Las cosas siempre son más complicadas de lo que parecen a primera vista. Los efectos de cualquier acción sobre el medio para obtener un recurso susceptible de pasar por el mercado no se ciñen al negocio en sí sino que también afectan a otros, bien a través del medio o de la economía. Muchos ecologistas abogan por incluir estas cuentas en la contabilidad de cada proyecto, pues de esta manera nuestra relación con la naturaleza mejoraría de forma notable. Pero hay otros que consideran que esto no es suficiente, que hay aspectos de la naturaleza que no pasan por el mercado y no se pueden por tanto valorar, amén de que basarlo todo en el dinero tiene también sus efectos perversos, como nos recuerda Miguel Brieva en la viñeta de abajo, por lo que es necesario basar la conservación de la naturaleza en valores. Estas dos posturas, que podríamos denominar la de los ecologistas reformistas y los radicales, o los basados en valoraciones o en valores, coexisten en el movimiento ecologista y parecen en principio incompatibles. No necesariamente. Ramon Folch y Josepa Bru nos lo explican en este libro que publicaron el año pasado (Ambient, territori i paisatge: valors i valoracions. Editorial Barcino. 230 pp).  No se lo pierdan.

brieva 3

Miguel Brieva (2012) Memorias de la tierra. Penguin Random house. p 46.

 

Rocío Fernández Alés

Expresidente de la AEET.

 

 

García Prats, A.; Del Campo, A.D. & Pulido Velásquez, M. (2016) Hydroeconomic modeling framework for optimal integrated management of forest and water. Water resources research 52 doi 10.1002/2015WR018273

Folch, R. & Bru, J. (2016). Ambient, territori i paisatge: valors i valoracions. Editorial Barcino. 230 pp

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