BOSQUES DE PINO CARRASCO. ¿QUÉ LES DEPARA EL FUTURO?

pino carrasco

El pino carrasco (Pinus halepensis) es un árbol de origen mediterráneo que crece alrededor de este mar, generalmente cerca de la costa porque no soporta bien el frío, pero el calor le viene muy bien y aguanta la sequía. Es una especie que coloniza los campos abiertos y a la que le gusta el fuego, pues las altas temperaturas favorecen la apertura de las piñas. Como crece bien en sitios despejados y aguanta muy bien la aridez ha sido usado con profusión para reforestar las montañas de sitios secos y así evitar inundaciones y erosión. La vertiente mediterránea peninsular está llena de estas repoblaciones.

Vivimos en un mundo cambiante. Entre las muchas cosas que están variando hay dos que le afectan de lleno a nuestros pinos: la cantidad de CO2 en la atmósfera, que no para de crecer desde que se empezó a medir hace unos 60 años, y la temperatura de la superficie terrestre, que lleva haciendo lo mismo desde que se empezó a medir con instrumentos hace unos 200 años. Estos cambios significan más comida, un periodo de crecimiento más largo y más sitios apropiados donde vivir para los pinos carrascos. Pero hay un tercer factor que también está cambiando: cada vez llueve menos en la vertiente mediterránea, y esto significa más tiempo con los estomas cerrados y por tanto sin poder comer. Aunque los pinos aguantan bien la sequía, muchos están en sitios donde llueve menos de 500 l/m2 año, y si llueve cada vez menos la cosa se puede poner fea. Así que, si en el futuro los cambios siguen en la misma dirección que ahora, ¿Qué futuro les espera a los pinos carrascos?

Esa es la pregunta que se han planteado tres investigadores de la Universidad de Barcelona, Dani Nadal, Santiago Sabaté y Carlos Gracia, y para responderla se lo han preguntado al modelo GOTILWA+. Este modelo, basado en procesos,  simula el crecimiento y desarrollo de parcelas forestales bajo distintas condiciones ambientales y de gestión. Es el resultado de muchos años de estudio de la fisiología de los árboles y del comportamiento de miles de parcelas forestales, por lo que es muy sólido y da resultados bastante plausibles. Nuestros autores escogieron 500 parcelas del Inventario Forestal Nacional (IFN2) repartidas por todo el oriente peninsular, que es donde están la mayoría de estos pinares, y en las que el pino carrasco era dominante y abundante (mas de 200 por hectárea). Estudiaron que les pasaría a los pinares dentro de 100 años si el CO2 de la atmósfera y el calor siguen subiendo y la lluvia bajando. Escogieron dos posibilidades basadas en las previsiones que da el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) acerca de cómo pueden evolucionar estos parámetros: las de menor y mayor crecimiento. Además consideraron otro factor: la profundidad del suelo. Si el suelo es profundo almacena mucha agua y la sequía se nota menos. Pusieron a GOTILWA+ a funcionar y esto fue lo que les respondió.

Al principio a los pinares estos cambios les vienen de perlas, pues crecen mas, tienen más hojas y reservas, sobre todo en el escenario de cambios más drásticos y con mayor profundidad de suelo. Es lo esperable si aumenta la comida, se alarga la estación de crecimiento y el suelo tiene mas capacidad de almacenar agua. Pero al cabo de 50 años las cosas empiezan a torcerse allí donde los cambios son más pronunciados. El crecimiento se ralentiza, se pierden hojas y lo que es peor, reservas de rápida movilización por unidad de biomasa. Esto es un problema, porque sin apenas reservas los árboles no se pueden recuperar de una sequía puntual muy intensa y mueren, sobre todo si ya andan mal de hojas. ¿La causa? El descenso de la lluvia, que en el escenario más drástico llega al 15%. Si el agua escasea los estomas se cierran y por mucho CO2 que haya en la atmósfera no lo pueden coger. Además, como hace mucho calor se gasta más en mantenimiento. Al final los árboles apenas crecen ni acumulan reservas, pierden hojas y se hacen muy vulnerables a las sequías intensas. En estas condiciones no vale de mucho que el suelo sea profundo. Cuando no llueve no se puede almacenar agua y las diferencias son mucho menos visibles. A todos les va mal. Esto no ocurre en el escenario menos drástico por que el descenso de la lluvia es menor (menos del 2%) y los pinares al final están mejor que ahora: más grandes, más vestidos de hojas y con más reservas.

Esto es lo que le ocurre a los pinares en general, pero hay muchas variaciones entre zonas, porque están en sitios con condiciones ambientales muy variadas. Al Norte del Ebro (Navarra, Aragón, Cataluña) hace más frío y llueve más que al Sur (Alicante, Murcia, Almería, Málaga), que es cálido y bastante seco. Son los pinares al Sur los que sufren en el escenario de cambios mas pronunciados, los que casi no crecen, tienen pocas hojas y pocas reservas. A los del Norte por el contrario les va bien siempre, y crecen mas cuanto mayores son los cambios ambientales. Lo esperable será que si se cumplen las previsiones de mayores cambios del IPCC los pinares de los sitios más secos pierdan individuos y se conviertan en sabanas.

Nuestro afán por quemar combustibles fósiles está aumentando la concentración de Carbono en la atmósfera, y como es comida para las plantas y bastante escaso, está estimulando el crecimiento de la vegetación. Europa es ahora más verde que hace 50 años gracias a la fertilización con Carbono. El resultado es que la de la concentración de CO2 en la atmósfera no crece todo lo que debería con todo lo que quemamos, gracias a que la vegetación lo retira. Pero esta capacidad de suavizar los cambios tiene un límite, como se observa en el caso que nos ocupa. Si no hay agua el Carbono no se puede aprovechar, y si no hay nutrientes tampoco. La capacidad de la vegetación de tamponar los cambios es limitada. No juguemos con fuego.

 

Rocío Fernández Alés

Expresidente de la AEET

 

 Nadal-Sala, D., Sabaté, S., Gracia, C. 2017. Importancia relativa de la profundidad del suelo para la resiliencia de los bosques de pino carrasco (Pinus halepensis Mill.) frente al incremento de aridez debido al cambio climático. Ecosistemas 26(2): 18-26.

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