CUANDO LOS RÍOS SE SECAN

 

guadalupejo

Rio Guadalupejo (extremadura, España) a comienzos del verano.

Se piensa que un río como dios manda tiene que tener agua corriendo, así que es bastante común ver en los medios de comunicación cómo los ecologistas protestan porque no se está manteniendo el caudal ecológico de tal o cual rivera. Se supone que es el mínimo necesario para mantener los valores ecológicos del cauce y sin él la vida allí colapsará. Todo esto es poco realista porque la mitad de los ríos de este planeta se secan de vez en cuando de forma natural y en algunos sitios como en el mediterráneo o en el trópico seco muchos lo hacen todos los años. Una cosa es que se seque un río por un mal uso de sus aguas, que es por lo que protestan los ecologistas, y otra muy distinta que lo haga porque no llueva nada y haga mucho calor, como en mi tierra.

Si los ríos se secan periódicamente los organismos que viven en él lo tienen previsto.  Al desaparecer la corriente el cauce no se queda sin nada de agua pues permanece en pozas y escarbando un poco hay humedad. Así que los habitantes o se van a donde queda agua nadando, andando, volando o enterrándose; o se van a los ecosistemas terrestres circundantes; o se convierten en formas resistentes a la desecación, como huevos, quistes y biofilms que se reavivan al hidratarse. Lo malo es que el agua aparezca y desaparezca de forma azarosa, como cuando los humanos se dedican a manipular el caudal para dar agua a regadíos o producir electricidad. Estas oscilaciones les cogen desprevenidos y acaban por matarlos.

Los ríos intermitentes albergan una altísima biodiversidad, pues allí se alternan organismos acuáticos cuando hay agua y terrestres cuando se seca. Cuando el lecho sale a la luz los de tierra invaden el cauce. Plantas, microbios y animales de las orillas toman posesión del terreno vacío hasta que el agua los desaloja y vuelve a ser de nuevo el reino de los organismos acuáticos. A esto hay que añadir los anfibios, especializados en vivir alternativamente en agua y en tierra, como ranas, libélulas o mosquitos que lógicamente son muy abundantes aquí.

También sirven para desplazarse, tanto a seres acuáticos como terrestres. Que los acuáticos lo hacían era cosa sabida desde hace mucho tiempo. Los peces sin ir mas lejos nadan hacia arriba y hacia abajo según sus necesidades. Pero es que los animales terrestres también los usan para ir de allá para acá porque es más fácil andar por un río seco que por medio del monte.  Lagartijas, lagartos, ratones, erizos, conejos, jabalís, zorros, tejones y muchos otros van por los cauces como nosotros por los caminos. Son unos excelentes corredores ecológicos que conectan paisajes heterogéneos y complementarios y solo por esto se deberían conservar.

Los ríos son ecosistemas muy particulares, porque apenas viven de lo que producen las plantas acuáticas que los habitan sino de los desechos que les mandan los ecosistemas terrestres circundantes. Hojas, ramas, excrementos, cadáveres animales o materia orgánica a medio descomponer llegan hasta los cauces en cantidades ingentes arrastrados por la lluvia. Esto es especialmente notable en los estrechos arroyos de cabecera, sombreados por los árboles de las riberas que los llenan de hojarasca.  Conforme la basura va llegando al río la fauna la va troceando, comiendo y defecando, facilitando la labor de los microbios que son los que al final acaban por convertirla en CO2 , que va a la atmósfera,  y sales minerales que se quedan en el agua disponibles para las plantas acuáticas.

Los habitantes de los arroyos de cabecera no pueden procesar todo lo que les llega y una buena parte pasa aguas abajo ya troceada junto con las sales minerales. Aquí los ríos son más anchos y les llega luz, así que las plantas acuáticas empiezan a producir a costa de las sales que vienen de cabecera. Hay animales que viven de lo que se produce in situ, pero los comebasuras siguen siendo abundantes. Pero la luz no dura para siempre, pues conforme los ríos se van haciendo más caudalosos llevan más materia fina en suspensión que no deja que penetre, así que los organismos se tienen que conformar con lo que haya de comestible en lo que arrastra la corriente. Al llegar al mar y mezclarse las aguas dulces con las saladas los limos floculan cayendo al fondo y sales muy limitantes para la vida como los fosfatos de pronto se hacen disponibles. Con luz y sales en abundancia las algas producen muchísimo, la fauna prolifera y los pescadores se ponen las botas. Para que luego digan que es un desperdicio que el agua de los ríos llegue al mar.

¿Cómo afecta la falta de agua a la digestión de todos los restos que mandan los ecosistemas terrestres? En parte la frena, pues hojas y ramas resecas son duras de roer, amén de que muchos de sus consumidores se han quitado de en medio. Pero por otra parte la acelera pues al oxigenarse los sedimentos del cauce los microbios que aguantan en las zonas húmedas metabolizan la materia orgánica mucho mejor. Cuando el río se llena de nuevo la descomposición se dispara porque todo se rehidrata y aún queda mucho oxígeno en el sedimento, así que con las primeras aguas que corren baja una ola de fertilidad: todas las sales que los microorganismos liberaron y que estaban retenidas en cabecera. Los astutos egipcios la aprovechaban hace ya miles de años, inundando sus campos de cultivo con la crecida veraniega del Nilo procedente del Nilo Azul, que drena las montañas de Etiopía, donde los ríos se secan en invierno. Cuando el campo se secaba estaba abonadísimo, listo para producir la próxima cosecha.

Los ríos son ecosistemas fascinantes. Albergan infinidad de especies, son autopistas para los organismos, depuran el agua de toda la cochambre que le mandan los ecosistemas terrestres y fertilizan los mares, llenándolos de vida. Son y han sido cruciales para el desarrollo de las civilizaciones humanas, pues han aportado agua, mucha comida y movilidad, ya que hasta hace bien poco eran las principales vías de transporte de bienes por los continentes. Por todo ello han despertado respeto y admiración y muchas culturas los han considerado sagrados. Pero últimamente nuestra especie en vez de venerarlos se dedica a fastidiarlos todo lo posible. Se echan residuos urbanos hasta empacharlos con tanta materia orgánica y residuos tóxicos de todo pelaje que los envenenan. Se cambia su forma y longitud con cortas, canales y dragados y el caudal y régimen fluvial con represas, que además son barreras a la circulación de los organismos y demás materiales que acarrea la corriente. En vez de preocuparnos tanto de si se secan o se desmadran, cosa que han hecho de toda la vida y por tanto la naturaleza cuenta con ello, deberíamos preocuparnos por todas estas barbaridades que los están matando.

¡Oh Guadalquivir!
Te vi en Cazorla nacer;
hoy, en Sanlúcar morir.

Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!

Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿sueñas con tu manantial?

Antonio Machado. Proverbios y cantares

Rocío Fernández Alés

Expresidente de la AEET

 

Arce, M. (2018) Cuando el río no suena. Importancia de los ambientes acuáticos temporales. Ecomandanga.

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