¿QUIÉN POLINIZA NUESTROS CULTIVOS?

poliniza girasol

De las 111 especies principales que cultivamos actualmente, el 75% depende en mayor o menor medida de los insectos polinizadores para formar los frutos o semillas que nos interesan. Si estos merman o desaparecen, su rendimiento caerá en picado. No moriremos de hambre porque el 65% de la producción agrícola proviene de plantas que poliniza el viento o se autofecundan, pero nuestra salud se deteriorará al prescindir de los micronutrientes necesarios que nos proporcionan (vitaminas, minerales) y nuestra cocina se volverá francamente aburrida.

Cuando pensamos en quien realiza esta labor lo primero que se nos viene a la cabeza son las abejas de la miel (Apis mellifera). Estos animales polinizan muchos cultivos y los apicultores los llevan de un campo a otro con ese fin, pero no pueden polinizarlo todo ellas solitas. Las flores tienen formas muy raras, fruto de la coevolución de éstas y sus polinizadores, y las abejas melíferas no pueden acceder al polen y néctar de muchas de ellas o simplemente no les gustan, como pasa con los aguacates (Persea americana). Así que la polinización la tienen que hacer los insectos silvestres o se tiene que hacer a mano, como se hace con los chirimoyos (Annona cherimola) que se cultivan en el Sur de la península Ibérica. Aquí no están los polinizadores de su lugar de origen y ni las abejas domésticas ni los otros insectos que hay por la zona son capaces de hacerlo.

Investigaciones recientes han encontrado que los polinizadores silvestres son mucho más importantes de lo que se pensaba. Analizando su papel en cientos de parcelas de 33 tipos de cultivos en explotaciones grandes y pequeñas de África, Asia y Sudamérica se encontró que siempre eran limitantes, de tal manera que cuantos más y más variados había, mayor era la cosecha. Las abejas domésticas resultaban ser una ayuda, pero no podían reemplazarlos. También se ha encontrado que en cultivos entomófilos que también se autopolinizan, los frutos y semillas de los fertilizados por insectos son de más calidad y por tanto más caros en el mercado.

¿Qué necesitan para vivir? Pues lo mismo que todo bicho viviente: comida, sitio para refugiarse, criar a la descendencia, librarse de parásitos y predadores y un ambiente sin tóxicos. Ahora resulta que la agricultura industrial mecanizada o agricultura del petróleo, que cultiva con máquinas y agroquímicos inmensas parcelas homogéneas, no les proporciona un hábitat idóneo. Como este tipo de agricultura es cada vez más dominante los polinizadores lo tienen cada vez más crudo y están disminuyendo.

Lo que sembramos da muchísima comida, pero durante un tiempo corto, la floración. Como los insectos viven más tiempo necesitan otras fuentes de alimento: una variedad de flores silvestres que prolonguen la disponibilidad de néctar y polen. No solo eso. Muchos polinizadores que no son abejas requieren otro tipo de comida para sus larvas, como tejidos vegetales o animales a los que parasitar. Todo esto se encuentra en las lindes o en zonas silvestres adyacentes que permanecen sin cultivar. Aquí también hay mucho suelo y hojarasca donde poner nidos (les recuerdo que más de la mitad de las especies de abejas anidan en el suelo), cosa difícil donde de vez en cuando pasa una máquina y todo lo despanzurra. Entremezclar cultivos con zonas naturales como lindes, setos, bosquetes o campos de pastoreo extensivo es importantísimo para mantener una elevada presencia de polinizadores.

Como ustedes comprenderán, los enormes campos de cultivo que gasta la agricultura del petróleo disminuyen muchísimo la longitud de lindes y alejan muchísimo las áreas naturales, y esto significa menos área para nidificar, menos flores, campos cultivados más distantes y menos accesibles desde las áreas refugio. El uso de herbicidas para quitar malas hierbas no ayuda. Hay menos flores en el cultivo y también en las lindes que lo rodean, porque allí llega el herbicida que mata a las plantas que portan las flores y demás tejidos vegetales que tanto necesitan nuestros amigos.

Los cultivos son tóxicos para los polinizadores, ya que se usan insecticidas para librarse de plagas y como insectos que son también se ven afectados. ¿Cuánto? Para saberlo se usa la abeja doméstica como indicadora. Si se mueren más de la mitad después de 48 horas tras la exposición al producto es que el compuesto es muy tóxico a las dosis indicadas y no se puede usar. Como ustedes comprenderán este test es muy burdo porque no contempla el efecto sobre el resto de polinizadores, que puede ser peor que sobre las abejas (o menos malo, vaya usted a saber), ni los efectos a largo plazo (muchos son acumulativos), ni la sinergia que existe con otros productos como fungicidas y acaricidas, y que no se conoce muy bien. De momento la UE ha recomendado que se incluyan otras especies como abejorros y abejas solitarias de reconocida utilidad en los test para que sean más representativos, pero con respecto al resto queda mucho por hacer.

Los insecticidas más usados son neurotóxicos que afectan al equilibrio iónico de los insectos produciéndoles convulsiones y finalmente la muerte. Pueden contactar con ellos cuando se esparcen como aerosoles, al libar de las flores, beber agua de hojas y charcos o comer tejidos vegetales. Los insecticidas sistémicos con los que se embadurnan las semillas, tan usados en la actualidad, son terribles pues en el polvillo que se esparce durante la siembra proveniente de las semillas está concentradísimo y mata del tirón. Cuando las plantas crecen lo incorporan y todo el que se las coma se intoxica, aunque sea ingiriendo polen y flores. Las larvas no se libran pues se alimentan de polen y muchas especies de abejas usan tejidos vegetales para hacer los nidos, con lo que el insecticida entra en contacto directo con las larvas. Puede que no las mate, pero afecta a la supervivencia y comportamiento, con lo que la persistencia a largo plazo no está asegurada. Un peligro.

Tenemos un grave problema. Las formas de producción agrícola imperantes que tanto han incrementado las cosechas están matando a los polinizadores que tanto necesitamos para producir la friolera de las tres cuartas partes de las especies que más cultivamos. Como los polinizadores silvestres no se pueden sustituir por abejas domésticas, que desgraciadamente solo son una ayuda, habrá que cambiar los modos de producción por otros compatibles con la supervivencia de todos estos bichitos. No nos queda otra. Ideas no faltan porque esto se sabe desde hace tiempo y nuestros agrónomos y ecólogos ya andan haciendo no solo propuestas sino también muchas pruebas. Marcos Miñarro y colaboradores nos la presentan en el último número de Ecosistemas. Si les interesa no se lo pierdan.

Rocío Fernández Alés

Expresidente de la AEET

Miñarro, M., García, D., Martínez-Sastre, R. 2018. Los insectos polinizadores en la agricultura: importancia y gestión de su biodiversidad. Ecosistemas 27(2): 81-90.

Botías, C., Sánchez-Bayo, F. 2018. Papel de los plaguicidas en la pérdida de polinizadores. Ecosistemas 27(2): 34-41.

de la Peña, E., Pérez, V., Alcaráz, L., Lora, J., Larrañaga, N., Hormaza, I. 2018. Polinizadores y polinización en frutales subtropicales: implicaciones en manejo, conservación y seguridad alimentaria. Ecosistemas 27(2): 91-101.

 

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